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Paradojas

Columna alba acerca del doloroso empate del Cacique ante Antofagasta, que ya no depende de sí mismo para ganar el campeonato.

Pasar de vivir una de las máximas alegrías del fútbol y de la vida, que es ganar en el último minuto, a sufrir un empate como local terminando el partido con un estadio lleno, forma parte de porqué este deporte es tan llamativo y muchas veces impredecible. Hermoso y blanco, como la semana pasada; horrible, decepcionante, descorazonante y negro, como esta. Un deporte lleno de paradojas.

¿De quién es la culpa de no haberle ganado a Antofagasta como locales? Sin dudas hay una sumatoria de factores, donde la cabina técnica tiene gran cuota de responsabilidad, pero tampoco resulta razonable sacar de la ecuación a un plantel de jugadores respecto del cual ya es costumbre un notorio decaimiento en las segundas partes de los torneos.

Sin ir más lejos, desde el campeonato de la 30 ganado de forma incontestable, se han jugado seis torneos, de los cuales Colo Colo ha sido puntero en cinco de ellos (el que gana la U el 2014, el que gana Cobresal el 2015, el que gana el Colo Colo de Sierra ese mismo año, el primero que gana la UC el 2016 y este), y apenas ha podido ganar uno. Lamentablemente este equipo, pese a contar con grandes jugadores y que lo han demostrado en instancias como los clásicos, no ha sabido ser campeón y eso sí que es paradojal con nuestra propia historia, nuestro propio himno y nuestra propia y esencia. Quizás tengamos menos jerarquía de la que todos creemos.

Este Colo Colo tan paradojal encuentra una manifestación en algo muy gráfico como la tabla de posiciones. Los invito a hacer el ejercicio de observar a los seis primeros: Colo Colo les ganó a todos, excepto a la U. Si lo estiramos a los nueve primeros, sólo perdió con Iquique. Y la paradoja encuentra su mayor manifestación al ver del décimo para abajo: sólo le ganó a Wanderers y enredó puntos con todo el resto, incluso perdiendo con un San Luis de Quillota que, hoy por hoy, encarna la única esperanza alba de llevarse este torneo para la casa.

Las grandes instancias han sido perjudiciales para Colo Colo este semestre, especialmente con circunstancias favorables. Lo de ayer con el CDA fue una especie de versión local de lo sucedido con Botafogo. Cuando se había recuperado ese sentido de ilusión (por sobre la obligación o alivio) de ganar el campeonato, vino un charchazo doloroso. La misma ilusión (quizás mayor) que teníamos en la Copa se vino abajo con un partido muy mal manejado con los brasileños luego de una tempranera ventaja. Nuevamente un estadio lleno y un público ilusionado provocan más tensión que un sustento mental favorable.

Los primeros veinticinco o treinta minutos de Colo Colo contra los Pumas fueron muy buenos, el gol de Rivero llegó en el momento preciso porque estaba “calentito”. Varias llegadas y una buena intensidad de juego justificaban con creces la ventaja ante un rival que encontró en el arquero García a su mejor figura en ese lapso.

Pero el segundo tiempo del Cacique fue pobrísimo y francamente lamentable. En lo futbolístico, en lo físico y en la respuesta de la cabina técnica. Vergara le dio un paseo táctico a Guede reformulando su ataque, pasando del módulo de los dos “tanques” como Ciampichetti y Muriel Orlando a armar un ataque con tres puntas, un referencia como el propio Orlando y dos “pulgas” bien abiertas como Carvallo y Araos.

Si el empate no llegó antes fue gracias a un par de intervenciones notables de Álvaro Salazar, especialmente una con un cabezazo de Orlando. Pero durante todo el segundo lapso Colo Colo tentó al destino, con cambios excéntricos como sacar a Rivero –cuando lo que correspondía probablemente haya sido darle refresco a un mediocampo agotado y ahogado–, y luego Véjar entró definitivamente en una frecuencia distinta a la que se necesitaba.

Para peor, el empate llegó cuando quedaba muy poco, y peor aun fue para nosotros que la jugada contara con un error de uno de los jugadores que más encarna la ilusión y la esperanza, como Salazar. A un equipo que quiere ser campeón no le puede hacer un gol de rodilla en el área chica Gonzalo Villagra, que es un buen futbolista, ordenado, táctico, pero la capacidad goleadora de sus articulaciones definitivamente no es una de sus virtudes más notorias. Y lo de Guede metiendo a Canchita Gonzales luego del empate definitivamente se explica más por un factor cabalístico/holístico/místico que futbolístico, intentando estirar a un máximo carente de lógica la línea de crédito del Banco de los Milagros que agotó sus fondos la semana pasada.

Llaman la atención la involución y las paradojas del proceso de conducción de Guede. Llegó hace casi un año con un discurso atractivo y seductor que no encontró correlato en los resultados en un primer momento, pero que entre Septiembre y Diciembre del 2016 encontró una muy buena forma futbolística, ganando la Copa Chile, venciendo dos de tres veces a la UC e imponiéndose con una incontestable autoridad a la U.

Pero este Guede 2017, más tímido, “apichonado” como dicen en Argentina, atrapado mentalmente con fantasmas, planteó como una de las grandes razones para no ganarle al CDA el no haber podido meter bien una contra en el segundo lapso. Si el equipo estaba jugando bien y tenía la “pega” hecha, es comprensible haber bajado un cambio. Pero no tres o cuatro. Lo verdaderamente cierto es que Colo Colo no supo qué hacer y eso es responsabilidad del técnico. No jugó, deambuló. No tenía fuelle para seguir atacando –el tema físico no es menor, y la escasa renovación en la columna vertebral o al menos en los jugadores “satélites” es llamativa– y tampoco desde el cuerpo técnico se proyecta un manejo adecuado de instancias donde haya que defender. En el segundo tiempo contra el CDA, el Cacique fue una especie de ameba carente de fútbol, de forma e incluso por momentos de espíritu para saber ganar un partido tan importante.

Ya llegará el momento de las evaluaciones luego del próximo fin de semana. Si Colo Colo no es campeón, la continuidad de Guede parece insostenible –nunca, en la historia, un técnico ha dirigido un tercer torneo en Colo Colo luego de que no haya sido campeón en los dos primeros–. Pero aún queda margen para pelear, hay que ganarle a un Cobresal descendido y ver si San Luis tiene algo para hacerle daño a una U que viene en alza. Y si así sucede –vaya paradoja–, seremos campeones cuando menos lo esperamos. Veamos qué pasa.

Foto: Agencia UNO