Exceso de apuestas - RedGol

Exceso de apuestas

Columna alba acerca de la dura derrota en Iquique, en la semana previa a un nuevo Clásico del fútbol chileno.

La gran mayoría de las personas en la vida hacen apuestas, desde cosas tan básicas como asegurar que uno tiene la verdad sobre algo señalando “te apuesto que…”, hasta personas atrapadas por el vicio y la ludopatía. El negocio de los casinos forma parte de la historia del ser humano, haciendo eco precisamente de esa natural inclinación del hombre a la incertidumbre, e incluso en algunos casos a creer que se poseen poderes mágicos de clarividencia o una suerte comprobable científicamente. Pero por algo el casino siempre subsiste y pierde muchísimas veces menos que sus asistentes, que podrán tener una que otra jornada victoriosa, pero lo más normal es que si se apuesta mucho, se termine perdiendo.

Uno de los grandes problemas de este Cacique 2017 dice relación con las apuestas. Como algunas han resultado (el semestre pasado con Martín Rodríguez como volante externo por izquierda, o en menor medida los correctos partidos de Felipe Campos como defensa central), se ha exacerbado la tendencia por parte de la cabina técnica a intentar redescubrir posiciones de jugadores y reorganizaciones tácticas que, definitivamente, y en un partido tan importante como la visita a Iquique, estuvieron lejos de funcionar.

Varios nos sorprendimos al saber que, con la lesión de Figueroa, iría el joven Iván Morales en esa posición. Uno no está todos los días viendo las prácticas, pero cabe preguntarse legítimamente si Brayan Véjar entrenará muy mal como para no haber jugado ni un minuto en este partido. Otra apuesta fue la posición de Esteban Paredes, demostrando que es muy distinto engancharse –como una faceta ocasional del juego del delantero, arrastrando marcas y aprovechando su buena visión del campo– que jugar de enganche, lo cual, unido a la poca chispa con la que vimos a Esteban, no terminó resultando.

Pese a todo eso, a un rival bien trabajado y sin invenciones esotéricas, empezamos ganando con un buen gol de un Rivero que por fin mostró en este 2017 cosas del Rivero 2016, que aprovechó un remate mordido de Iván Morales para clavar un 1-0 que no se justificaba en el trámite, pues los nortinos eran un poco más que nosotros.

Por lo mismo, como no se estaba haciendo un gran partido, como el equipo estaba partido y las apuestas no estaban funcionando, había que manejar la ventaja y los tiempos, a fin de que Iquique se desesperara. Sin embargo, incomprensiblemente Paulo Garcés apuró un saque de fondo, efectuándolo tan mal que le entregó la pelota a un rival, y para coronar una situación evitable se dio la fatalidad de que el rebote en el palo le dio en la cabeza. No es primera vez que la ansiedad de Garcés –que se ve claramente hasta en su lenguaje corporal y en su histrionismo– le juega una mala pasada al equipo, y da la sensación de que es algo en lo cual no sólo no progresa, sino que involuciona. Teniendo grandes reflejos, buen físico y fundamentos para jugar en el arco, su falta de capacidad de análisis y de control de su propia energía lo traiciona, generando una insanable inseguridad en sus compañeros y en el público partidario del equipo en el cual le toque jugar. Uno se imagina conduciendo un vehículo, demorarse un segundo de más en una luz roja y a Garcés en el auto de atrás trasero agarrándolo a uno a bocinazos hasta derribar las barreras del sonido.

Para peor, en el Cacique hubo rendimientos individuales bastante bajos en jugadores que frecuentemente son garantía de confiabilidad. Más allá del bajo partido de Esteban que ya señalábamos, llamó la atención lo bajo que anduvo Barroso y en menor medida Baeza, que tienen responsabilidad en los dos goles de Iquique en el segundo lapso. Una mala y apurada salida de Barroso trajo como consecuencia estar desarmados atrás, con un Fierro mal ubicado y con un Chancho Ramos que pudo haber probado las más distintas variedades de chumbeque antes de definir al otro palo. Un gol sufrido por una desaplicación impropia para un equipo que quiere ser campeón.

Entre medio llegó el empate parcial, con gran mérito de Ramón Fernández, que sin ser Iniesta o Xavi demostró en pocos minutos lo importante que es tener un organizador de juego en la cancha. Muy buen pelotazo para un filoso Octavio Rivero, que consolidó ser la única buena noticia de este aciago domingo con una gran definición para el 2-2.

El empate era oro considerando el contexto, de visita, jugando mal, con demasiadas apuestas fallidas y con un rival serio y afiatado. Pero una gran jugada de Riquero –que desorientó totalmente a Baeza– permitió que el Chancho Ramos se llevara en velocidad con un ídem a hombro a toda la zaga alba para marcar un 3-2 más que merecido. Y no hubo tiempo para más que un par de buenas intervenciones del arquero Cortés para sellar el fin del invicto y de la punta del Popular en este torneo.

Lo bueno, dentro de todo, es que el tiempo para lamentarse es muy poco porque al rival que viene hay que ir a ganarle como sea. Los azules han mejorado –pese a no haber ganado este fin de semana– y definitivamente no va a ser sencillo ir a ganarles al Nacional, especialmente tomando en cuenta las dudas de las últimas fechas y la inmensa cantidad de lesionados en las tropas albas. Es de esperar que el cuerpo técnico tenga jornadas de reflexión que le hagan darse cuenta que no es un momento para apuestas, que es mejor que el microondas esté en la cocina y no debajo de la lavadora, y que siendo ordenados, eficientes y sobre todo emocionalmente inteligentes, deberíamos ganar. A levantarse y a seguir, que el desafío es lindo.

Foto: Agencia UNO