La última estación - RedGol

La última estación

Columna alba respecto al sufrido y valioso triunfo ante Curicó, que mantiene al Cacique con la primera opción de ganar el Torneo de Transición.

La semana pasada hablábamos de la tentación que había de hacer un paralelo entre lo que pasó con Everton en Mayo y lo que pasó en el partido de hace pocos días atrás, y tratando de puntualizar las diferencias, decíamos que este campeonato no se nos puede escapar, como sí aconteció el torneo pasado.

Para peor, y para reavivar más los fantasmas, jugábamos de local, a estadio lleno, y contra un rival de la parte baja de la tabla, tal como ese infausto partido con Antofagasta. Y Curicó es un equipo que, si bien no tiene grandes nombres y está peleando el descenso, cumple con todas las características de las escuadras que complican a Colo Colo: una sólida estructura defensiva (sólo Audax le ha hecho una diferencia de dos goles este semestre), mucha intensidad y jugadores rápidos por las bandas en ofensiva.

De hecho en el primer tiempo en un Monumental hermosamente lleno, las imprecisiones de Zaldivia y los espacios que quedaban a las espaldas del Torta Opazo fueron caldo de cultivo para peligrosas incursiones de Ábalos, el hábil puntero argentino de los curicanos que causó bastantes problemas. Por otra parte, el partido de Baeza y del Pájaro no era lo suficientemente lúcido durante los primeros minutos, donde hubo intercambio de ocasiones claras con un lindo remate de Zúñiga que pasó raspando el palo derecho de Orión, y un mano a mano clarísimo de Octavio Rivero que falló por centímetros, luego de un delicioso pase profundo de Valdivia.

Pero el propio Rivero, luego de errar, tuvo otra oportunidad similar. Una verdadera metáfora de este semestre para el uruguayo, que no la desperdició. Otro pase glorioso de Valdivia tras recuperación de Opazo, y el charrúa la clavó abajo, esta vez de zurda. Un gran gol y un desahogo para un partido en que la tensión alba y la intensidad y personalidad curicana tornaban bastante complicado.

Sin embargo, cuando el partido parecía ir tomando cierto carril de control, llegó el empate de Ábalos, que nos pegó bastante fuerte, más aun considerando que la jugada sale de un lateral y precisamente desde ese cuadrante de la cancha donde Colo Colo lo pasó mal en el primer lapso. Algo “blandito” Campos en la marca del argentino, que sacó un remate que pasó entre las piernas de Barroso y que superó a un Orión algo tapado. Igualmente hay mérito y bastante del trasandino en el atrevimiento para inventar una jugada en ese breve espacio.

Los fantasmas aparecieron, sin duda, y todos pudimos sentir en el estadio una tensión palpable, vívida. El entretiempo duró como dos horas, de hecho. Por eso tiene tanto mérito que el equipo haya salido como salió en el segundo lapso. Porque claro, muchos dirán –no sin razón, probablemente– que Colo Colo –y quizás cualquier escuadra que quiera ser campeona– tiene que marcar ostensibles diferencias con un cuadro que va peleando abajo, más aun en casa y con estadio lleno, pero no es fácil lidiar con la tensión y la angustia.

Apareció el Pájaro con un lindo remate que sacó muy bien Deschamps al córner, pero en la jugada siguiente un lindo anticipo redentor de Zaldivia, tras córner de Gabi Suazo, nos puso nuevamente en ventaja antes que nos nervios nos empezaran a consumir los órganos internos de la misma manera en que una babosa reacciona ante un puñado de sal. Lindo cabezazo, aprovechando las dudas de la retaguardia maulina.

Y todo parecía resuelto con el tercero. Nuevo córner de Suazo y un glorioso cabezazo de Esteban Efraín luego del pivoteo de un curicano. Ver a Esteban en el piso luego de haber impactado su cabeza contra la de Godoy realmente nos preocupó y frenó en algo la celebración, quedando una sensación similar a cuando uno ve un fuerte accidente en las carreras de autos. Pero por suerte el ídolo se puso de pie y levantó una mano, celebrando, tal como los pilotos que salen, milagrosamente, casi indemnes de una carrocería convertida en amasijo de fierros y tuercas. Palabras aparte para el gesto técnico de un Esteban que, pese a que no había hecho un gran encuentro, aparece en las difíciles y con una forma de impactar una pelota sin velocidad con una calidad que pocos logran.

Pese a que el equipo se retrasó y le cedió la pelota a los curicanos, lo cual provocaba un trámite incómodo para el hincha, no se veían grandes riesgos. Pero cuando ya estábamos cerrando todo, con Araya entrando por el Pájaro, Ábalos clonó el gol de Matías Donoso el 2015 –aunque sin esa terrible pérdida de pelota de Maldonado contra Cobresal–, viendo algo adelantado a un Orión que nada pudo hacer. Insistimos en que aquí se reconocen los golazos y este fue un pedazo de gol.

Y nos entró agua al bote, no tiene nada de malo en reconocerlo. Para peor, Valdivia tuvo un tiro en el travesaño en la jugada siguiente, lo que acrecentó los nervios. Sin duda había que “asegurar el chancho” de la forma que fuera. Curicó tuvo un zurdazo de distancia bien repelido por Orión, y el resto no se jugó, con un Valdivia realmente brillante buscando y aguantando patadas rivales, y conteniendo la pelota como si la tuviese realmente imantada a los pies. Muy emblemático, además, que el 10 haya terminado con la cinta de capitán que le entregó Paredes antes de salir. Así pasaron unos últimos minutos realmente ulcerosos y que, mandando a la grandísima cresta de la loma a los fantasmas –al menos por una semana–, nos hizo asegurar tres puntos valiosísimos.

Los rivales directos también se hicieron fuertes en esta fecha, fueron a ganar de visita en canchas complicadas, pero la primera opción sigue siendo nuestra. Preocupa que Colo Colo haya recibido seis goles en las últimas tres fechas –después de recibir sólo siete anotaciones en las once primeras–, pero el rendimiento ofensivo del Cacique nos proporciona cierta tranquilidad de que el equipo anda certero de cara al arco rival. De ninguna manera la leche está cocida, ir a ganarle a Huachipato en la Octava Región nunca es fácil y de sólo pensar en que se repitan los espacios delante de Zaldivia y detrás del volante por derecha –que no podrá ser el Torta por sus cinco amarillas–, y que en ese espacio aparezca Soteldo, hace correr un chorro de agua gélida por toda la extensión de la espalda, desde el cuello hasta la línea glútea. La última estación está a la vista: un Ester Roa seguramente lleno de colocolinos, apoyando y empujando al equipo a buscar lo que se merece. Depende de ti, Cacique. ¡Estamos contigo, siempre!


Foto: Agencia UNO