Recordando el Chile-Bolivia de los humildes en 1997 - RedGol

Recordando el Chile-Bolivia de los humildes en 1997

En vez de acusarnos de agrandados, todos podríamos darle una mirada a las escenas del 16 de noviembre de 1997, cuando 75 mil personas en el Nacional vieron la clasificación de Chile al Mundial de Francia. Con ese espíritu y estos jugadores, seremos imparables.

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Puedo decir -y tengo las entradas para corroborarlo- que fui parte del reducido grupo de chilenos que fue a todos los partidos de las clasificatorias al Mundial de Francia de 1998. A todos. Recuerdo que contra Uruguay, por ejemplo, tuve que llegar desde el colegio con uniforme y me puse allá la camiseta de la selección.

Como vivía cerca del Estadio Nacional, aprovechaba para levantarme temprano los sábado y llegar a la cola para comprar las entradas. Solo una vez no pude comprar galería: en el 1-2 contra Argentina. Pagué más caro por ir a Tribuna Andes, porque no me lo quería perder por ningún motivo. Y en el gol de Marcelo Salas, rodé por los asientos hasta golpearme en la ola de cemento que había antes en ese sector.

Otro lindo recuerdo fue contra Colombia. Guardé por mucho tiempo la camiseta blanca que llevaba puesta ese día, y que quedó marcada con los colores de la selección que tenía pintados en la cara. Llovía a mares y la pintura se diluyó hasta quedar grabada en la tela, como una bandera.

Pero recuerdo especialmente el partido con Bolivia. Los millennials quizás no lo saben, pero llevábamos 15 años viendo los mundiales por televisión. Y ese día, teníamos que ganar para dejar atrás una mala racha que venía desde 1982, con un Maracanazo del Cóndor Rojas y mucho dolor encima.

El partido era a las 4 de la tarde. Fui a misa tempranito. Iba a misa en esos días. Pedí por Chile y caminé al estadio con uno de mis mejores amigos. Llevábamos galletas y unos panes para almorzar en nuestros asientos. Nos tocó en galería sur y pude ver el cabezazo terrible de Juan Candonga Carreño tras pivoteo de Javier Margas, que tenía pintado el pelo, en blanco azul y rojo.

¿Por qué les cuento todo esto? Porque la memoria es tan frágil y efímera como nuestro éxito futbolístico. Después nos pusimos buenos para la pelota, pero ese día no todos creían. Y con ese sueño llenamos el Nacional. Hoy se va al estadio a exigir. Cómo no vamos a ganar siempre por goleada. Cómo no vamos a darles un baile a los rivales.

Ahora me quedo con la inocencia de 1998. Seguramente, si la juntamos con esta maravilla que tenemos de equipo, nos haría invencibles. Y no es solo trabajo de los jugadores, sino que también de nosotros, los fanáticos. No se trata de no creerse el cuento ni de ser acomplejado. Se trata de entender que la historia se construye letra a letra, página a página.

Hoy Bolivia es mucho menos que ese equipazo de Baldivieso que había ido al Mundial de Estados Unidos 1994. Y Chile es toneladas más que ese plantel que lideró el Pelao Acosta. ¿Triunfo seguro? Sí. Pero la seguridad se consigue con el trabajo, laborando cada pase y cada gol. Los partidos duran una vida si se equivoca el camino, y es la cabeza la que debe encontrarlo.

Ojalá lo entendamos.

Foto: Agencia Uno